Cuando hacemos recorridos en bicicleta, pedalear correctamente no es algo tal natural, que salga sólo, como muchos piensan. Hay una técnica del pedaleo, sobre todo cuando se usan pedales automáticos. Si pedaleamos adecuadamente podremos avanzar mejor, más e incluso evitar lesiones o molestias.

 

A estas alturas todo aficionado a la bici sabe la forma de colocar el pie en el pedal, pero nunca está de más recordarlo: el eje debe coincidir con la articulación principal del dedo gordo, ósea, con la parte más ancha del pie. Esto es, más o menos, el pliegue que se forma en el zapato al doblar la punta del pie hacia arriba.

 

Antes de que entremos en detalles técnicos, lo principal para pedalear correctamente es mantener un movimiento regular y exento de asimetrías de esfuerzo entre las piernas.

 

Si no disponemos de pedales automáticos, no podremos tirar del pedal en la fase de subida del pie. Estaremos realizando un pedaleo sólo de empuje. El esfuerzo se empezará a dirigir fundamentalmente hacia adelante con el pie en la parte superior, pues estamos en el “punto muerto” donde un esfuerzo de empuje en la vertical sobrecargará la rodilla. El talón descenderá ligeramente hacia la altura del pedal según avanza el pie. Progresivamente, la componente vertical del esfuerzo va a ir dominando, hasta llegar a un empuje total hacia abajo y con el talón por encima del nivel del pedal al llegar a la parte más baja. Hasta aquí, entrando el pie contrario que ahora se encuentra en la parte superior del ciclo (aunque al empezar a subir el pie siempre puede ayudar algo “empujando” hacia atrás). Lo interesante viene cuando usamos pedales automáticos: es cuando usaremos la técnica del pedaleo “redondo”.

Con este pedaleo, la primera mitad del ciclo, cuando el pie baja, es como la que hemos descrito antes. Cuando llega el pie abajo comienza a tirar hacia arriba, distendidamente, no brutalmente, para ayudar a la otra pierna que empieza a empujar. En esta fase ascendente, el talón está por encima del nivel del pedal. El talón se va nivelando cuando se está llegando hacia el final de la fase y el pie empieza a empujar hacia adelante en lugar de tirar, hasta pasar empujando el punto muerto. En resumen y viéndolo geométricamente, siempre se ejerce la fuerza en dirección perpendicular a las bielas.

Lo importante de todo esto es que el esfuerzo del pedaleo se reparte entre las dos piernas, de forma harmónica, continua y “redonda”, alternándose el empuje (pie que desciende) y la tracción (pie que asciende).

Para comprobar que realizamos el pedaleo redondo correctamente, podemos pedalear en llano con una sola pierna (con un desarrollo adecuado al terreno por supuesto). Si cuesta mucho hacer un sólo ciclo quiere decir que algo estamos haciendo mal.

Evidentemente, cuando hacemos cicloturismo  no buscamos ser los ases del pedaleo redondo, y realizaremos con pedales automáticos un pedaleo más de empuje. No obstante, con una buena técnica, pedalearemos inconscientemente de manera más redonda y equilibrada, repartiendo el esfuerzo entre ambas piernas y, por lo tanto, cansándonos menos.

 

La cadencia o velocidad de rotación es otro aspecto fundamental del pedaleo. Si el ciclismo es deportivo resulta normal llevar cadencias de 80 revoluciones por minuto e incluso los ciclistas profesionales llevan cadencias de unas 90 ó 100 en las etapas llanas. Para los modestos pero felices viajeros en bicicleta, una cadencia de unas 60 revoluciones está bien, dependiendo del estado físico de cada uno. Si la persona está más en forma podrá aumentar esa cadencia a 70 e incluso más. En general, es preferible aumentar el ritmo de la cadencia, mantener un pedaleo más vivo y bajar el desarrollo, mejor que sobrecargar las articulaciones y los músculos con unas cadencias lentas y grandes desarrollos. En todo caso, cuando se pedalean muchas horas con alforjas y disfrutando del paisaje, lo ideal son cadencias de unas 60 ó 70 revoluciones y jugar con el desarrollo para evitar hacer mucho esfuerzo muscular… como un pedaleo zen. Hablamos de terrenos normales en llano, porque para subir de verdad con las alforjas hay que utilizar el molinillo y aquí lo que cuenta son nuestras dotes de equilibrista.